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Hablar sobre libros




Hace tiempo he querido escribir un artículo recomendado libros con suficiente sustento y convicción que logre que muchos más docentes como yo los lean, los recomienden, aprendan de ellos y les abran nuevas posibilidades de crecimiento, de transformación y de inspiración.


Recientemente una amiga me preguntaba sobre un libro para sanarse, había abortado y se sentía vacía, por dentro y por fuera. En lugar de darle un libro sobre el dolor, la pérdida o la sanación, le ofrecí un libro sobre el humor, la risa y la resiliencia. Aprendió mucho, descubrió un montonal de cosas propias en el camino, y se rio, a carcajadas, eso la sanó. A veces olvidamos que los libros son medicinas para enfermedades para las que no fueron creados.


El momento ha llegado y el artículo va justamente de eso. Espero poder compartir una rebanada del enorme pastel que me como a diario con mis lecturas. Que engordes intelectual y emocionalmente, que disfrutes hacerlo.


1.     Edith Eva Eger tiene más de 90 años. Sigue dando terapias y termina sus presentaciones con un baile. Estuvo en los campos de concentración y logró escaparse junto con su hermana. En un recuento melancólico y simpático, La Elección es un libro que me invita a no desistir de mis ideales, a no dejarme limitar por mi edad, mis recursos, mis carencias, pues al parecer, son justo esos retos los que me ayudan a fortalecerme. Un libro intenso que me recuerda que la vida no se acaba hasta que se acaba (o hasta que uno mismo decide acabar con ella). ¿Qué relación guarda con la educación este libro? Me enseña que hay dar opciones a los alumnos, en las lecturas que les damos, en los trabajos que realizan, en las diversas formas que existen para demostrar lo que aprendieron. Porque en la elección es donde encontrarán la libertad.


2.     Los cuatro acuerdos de Miguel Ruiz. No imagino cuanta gente ha leído este libro pero sospecho es que poca lo recuerda o lo ejecuta. Sus cuatro verdades, que son No juzgues, Nada es personal, Cuida tus palabras y Realiza tu mejor esfuerzo, debieran ser la base de nuestras religiones (¿lo son?), de nuestros decálogos en la escuela, de nuestros valores en familia. Son los principios que supuestamente conocemos pero pocas veces usamos en la cotidianeidad. ¿O acaso si te piensas bien lo que vas a decir cada vez que vas a decir algo? ¿Cuidas que de tu boca salgan sólo cosas propositivas, no juiciosas, no dramas y chismes? Vuelve a leer este sabio libro, cuando puedas.


3.     Cómo disfruté leer al neurocirujano Henry Marsh en su libro Ante todo no hagas daño, un titulo que por si mismo vale para un curso sobre valores. A punto de poner fin a su exitosa carrera, Marsh -uno de los neurocirujanos más eminentes de Gran Bretaña- expone a los ojos del mundo la esencia de una de las especialidades médicas más difíciles, delicadas y fascinantes que existen. Pero lo que enamora del libro es sobre todo su personalidad, su honestidad, su dulzura, incluso su fragilidad, y aquellos momentos en los que te relata sus errores, sus miedos y sus llantos, te permiten conectarte con él, con la vida misma y reconocer que seamos un neurocirujano, obrero, maestro, abogado o ingeniero, todos y cada uno de nosotros se compone de fortalezas y de limitantes y mientras no nos veamos como seres en formación, no apelaremos a nuestra escencia. Los alumnos de hoy son más impertinentes, más audaces, arriesgados con la autoridad y menos silenciosos, lo cual no es un punto en su contra, a menos que no sepan reconocer también lo que no saben, abrirse a aprender de los demás (no solamente del internet) y sobre todo, mientras no aprendan a llorar sus caídas y fallas, reconocerlas, y volverse a levantar.


4.     Morir en sábado de Carlo Clerico Medina es el libro que más he recomendado y regalado en mi vida, creo. Cinco niños con cáncer terminal, de cinco años, mueren en sábado, y si esto no es suficiente para sacudirte, este tanatólogo que escribe con una pluma sensata y amena (es más ameno y sensato aun en persona) te cuenta sobre cada familia, cada dolor y cada cierre y despedida de sus hijos. Libro doloroso e imprescindible para estos tiempos en los que se intenta evadir el dolor por medio de literatura barata que te invita a ser feliz en diez pasos (uno de ellos no es llorar). ¿Y la educación qué? Una vez dando un taller sobre resiliencia recomendé este libro y al finalizar el curso se me acercaron un par de profesores de Educación Física, un matrimonio. Tenían un hijo de cinco años con cáncer terminal. Me pidieron que no dejara de recomendar este libro, imagino que ayudaba de alguna manera a su pesar, la empatía del resto de nosotros. ¿Dónde quedó la empatía en la educación? Posiblemente este libro la restaura, inténtalo.


5.     El año terrible de Tamar Cohen es mi libro preferido de la autora, por transparente y simpático, por sexoso y atrevido, por reflejar una triste y dura realidad de la manera más divertida que puedas imaginar. Una chica con depresión y con bipolaridad y con epilepsia narra su vida familiar y los dramas que hay en ella. Lo que me gusta es que esta historia es verdadera, casi en su totalidad, conozco bien a la autora y sé que este juego de transformarse a partir de la escritura ayuda a sacar a relucir la resiliencia que hay en ella. Lo recomiendo en educación porque, además de pasar un muy buen momento leyéndolo (¿acaso no buscamos eso mismo en la escuela? ¿qué los alumnos disfruten leer?), demuestra que se puede bromear con los dramas de la vida, que es posible (y debiera ser mandatorio) aprender a mirar los sucesos complejos (o los que insistimos en hacerlos parecer complejos) de formas menos serias, más lúdicas, más abiertas, menos dramáticas. Un examen que se reprueba puede ser una oportunidad de crecimiento. Un profesor que aburre te da la oportunidad de aprender por ti mismo. Un alumno que es incontrolable te regala la oportunidad de poner a prueba tu paciencia. Un grupo apático te invita a apelar a tu creatividad. Serendipia es lo que nos hace falta, disposición para tener accidentes afortunados. Este libro es uno de ellos.


6.     Érase dos peces jóvenes que nadaban juntos cuando de repente se toparon con un pez viejo, que los saludó y les dijo, "Buenos días, muchachos. ¿Cómo está el agua?" Los dos peces jóvenes siguieron nadando un rato, hasta que eventualmente uno de ellos miró al otro y le preguntó, "¿Qué demonios es el agua?" Este brillante libro, Esto es agua, es el último discurso que dio David Foster Wallace antes de suicidarse debido a que padecía de depresión. Un enorme librito (de apenas 144 páginas en un formato pequeño, es decir, no hay pretexto para no leerlo), pero con más de 40 ediciones en su haber, es una tratado sobre ética, filosofía, moral, y muchas cosas más en un mismo lugar. Básicamente lo que nos dice es que no se vale andar por la vida haciendo cosas, ganando dinero, gastándolo, adquiriendo fama, amigos, likes, títulos, propiedades, sin detenernos un minuto a mirar adentro de nosotros, con conciencia, qué significa vivir y qué deseamos para nuestra vida. El agua en este caso es nuestro mundo, ¿qué demonios es mi mundo y qué quiero hacer con él? Es apenas la primera pregunta que debiera dirigir nuestros pasos diarios. No creo que necesite hacer un vínculo con la educación en este caso.

 

7.     Voy a cerrar con este libro, deseando que esta sólo sea la primera parte de más artículos recomendando lecturas. El último encuentro de Sandor Marai es un magnífico libro, también de los que por ser cortos no signfica que no sean largos (creánme, se les quedará grabado por mucho tiempo), que trata sobre dos hombres que se han dejado de ver por 40 años y tienen  una deuda que saldar, una deuda que se irá peleando de poquito, con el arma más poderosa que tenemos como humanos: las palabras. Ambos han vivido a la espera de este momento, pues entre ellos se interpone un secreto de una fuerza singular. Es una lectura lenta y tensa, muy tensa, porque el secreto se termina resolviendo hasta el final…Y justo por esa calma que se mantiene durante la lectura es que recomiendo leerlo, porque en estos tiempos de prisa, de inmediatez y de tuits cortos, la trama nos invita a caminar sin correr, a hablar sin abreviar, a develar nuestros secretos cuando sea el momento oportuno, y sobre todo, a comunicar, cara a cara, cuerpo a cuerpo, frente a frente, con nuestros semejantes. Cualquiera que sea nuestro mensaje.

 

Espero que alguna de estas sugerencias se conecten con tu cerebro, con tu alma, con tu corazón o con cualquier otra parte de tu cuerpo que se necesite activar para que te lleve a leerlos (o releerlos). Con que uno de ellos te haya hecho sentido (para ti o para alguien más) sería maravilloso. Si ninguno dejó huella, quizá hayan sido detonadores de nuevas ideas o de búsqueda de tus propias lecturas, o simplemente, hayas recordado que leer es el camino para aprender, para crecer, para trascender. Y si ninguna de estas ideas te convence, puedes ignorar este texto, pero no dejes de leer, porque la literatura es la manera más agradable de ignorar la vida (Pessoa).

 

 





 
 
 

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